La observación, para cualquiera que cree, siempre va a ser importante; en este caso, la mirada cercana a una situación como la muerte y el duelo fue la base del proyecto. El duelo de nuestros abuelos frente a sus compañeros de toda la vida, intentando comprender cómo vivían o sobrevivían a la pérdida, fueron experiencias de vida que se cruzaron fortuitamente a la hora de comenzar a escribir este proyecto. Por parte de Lucía (la abuela de Nicolás), el duelo significó más que perder a su esposo a quien cuidó hasta que el cáncer hizo metástasis en sus huesos, significó más que vivir el peor día de toda su vida y el primero estando sola por un largo tiempo. La soledad la obligó a dormir con su hija en otro cuarto durante varias semanas, también la obligó a evitar la interacción con los objetos relacionados con su esposo, haciendo que incluso a día de hoy, sienta un poco de indiferencia frente al espacio que durante mucho tiempo construyó junto a él. La situación de Ángel (Abuelo de Santiago Cely, y quien le da nombre al personaje principal de la historia) no es muy distante a lo que Nicolás observó en su abuela; Ambos, a parte del suelo, compartían una completa extrañeza por los espacios que habitaban, mientras que Lucía trataba de evitarlos, Ángel simplemente perdía su mirada en ellos esperando que volvieran a ser lo que fueron algún día, recordando a quien fue su compañera en la vida en cada mínimo aspecto que la evocara. Este cortometraje pretende llevar la ausencia de una persona a los espacios donde, más que vivir, se sobrevive a la pérdida.